viernes, 1 de abril de 2016

Viena o En cuerpo y alma

   
Calle peatonal Graben

   Viena es tan bonita y perfecta que puede abrumar. Ese tipo de belleza algo frívola que despierta envidias y prejuicios. Una visita a la ciudad de un par de días te dejará mal sabor de boca. Te parecerá poca cosa. Pero a nosotros no nos engaña la pose con la que nos recibe. Queremos saber más. De acuerdo. Mozart pasó una temporada aquí. Cierto. Es el escenario en el que tiene lugar la romántica y aliñada historia de amor entre Francisco José y Sissi. Tomamos nota. Si te gusta la obra de Gustav Klimt no hay otro lugar igual como Viena. ¿Y qué más? ¿Qué guarda la elegante dama del Danubio?

Catedral de San Esteban

   El corazón de Viena está marcado por el cristianismo. Posicionada en el centro de la ciudad se haya la venerada Catedral de San Esteban. El templo gótico (siglo XIV) mantiene un fluir cadencioso y constante de visitantes autóctonos que pernoctan con rectitud ante sus altares. En el exterior, la Torre sur parece absorber la energía de las naves en su afán por seguir alzándose hacia el cielo. Tan sólo el vertiginoso tejado a dos aguas con tejas coloristas en zigzag y el escudo de la ciudad consigue robarle el protagonismo. En el interior, la catedral se nos antoja oscura y misteriosa. Presume por tener espectaculares órganos distribuidos por su planta, unas lúgubres catacumbas que se adentran bajo el subsuelo de la plaza y un púlpito de piedra minuciosamente labrado que te dejará atónito. Puedes prescindir del museo catedralicio pero no de los 343 escalones que te llevan a lo más alto de la torre. Disfruta de las vistas.

Hofburg (Neue Burg)

   El cerebro testimonial de la ciudad es el Palacio Imperial o Hofburg. Decimos testimonial ya que Austria dejó de pertenecer a los Habsburgo con la abdicación de Carlos I en 1918. No obstante, la ciudad se vanagloria de sus reyes y las calles y edificios están marcados con sus nombres. El palacio es una interminable sucesión de edificios adosados que se distribuyen por gran parte del centro de la ciudad. Es difícil imaginar una imagen de conjunto entre patios interiores, iglesias, callejones y estructuras superpuestas. Si a ello le sumamos que ha sido fragmentado para acoger museos y dependencias administrativas la tarea se vuelve aún más complicada. Los seis siglos de poder bajo la batuta de los Habsburgo se condensan en estas paredes. Este tiempo da para muchas ampliaciones y reconstrucciones. El Hofburg lo conforman entre otros el Neue Burg ( Museo de Éfeso, Cámara de Caza y Armaduras de la Corte, Colección de Instrumentos Musicales Históricos y el Museo del Papiro), El Ala Leopold, la Cancillería Imperial, los establos, la Capilla del Palacio Imperial, los Apartamentos Imperiales (Colección de Platería y Museo Sisí), la Biblioteca Nacional, el Tesoro Imperial, la Iglesia de los Agustinos, la Casa de las Mariposas, Museo Albertina (Antiguos apartamentos de invitados) y la Escuela Española de Equitación. 

Hofburg (Apartamentos Imperiales, Museo Sissi)

   De todo lo enumerado, nos disgustaría saber que te has privado de disfrutar de las fastuosas dependencias palaciegas de Sisi Emperatriz y del tratamiento mítico que hace Viena de esta figura. No te pierdas los eufemismos y mentirijillas amables que vinculan a su persona. Francisco José, el hombre, era un santo.

Biblioteca Nacional, Prunksaal

Cúpula Prunksaal

   La Biblioteca Nacional de Austria es un tesoro barroco impecable. Preciosa factura la de este inmueble del siglo XVIII que explota gozosa de sí misma en el Prunksaal. Una maravillosa sala de paredes ondulantes dominada por la estatua de Carlos VI y coronada por el portentoso fresco de Daniel Gran.

Museo Albertina (Escalera Apartamentos imperiales para invitados)

   El Albertina (antiguos Apartamentos Imperiales para invitados) es hoy un imprescindible museo que no puedes olvidar en tu visita. Pero preferimos dejarlo para otra entrada. Creemos que merece otros acompañantes para encuadrarlo como merece.

Ungüentario de esmeralda de 2.680 quilates

   Las piezas del Tesoro Imperial son abrumadoras pero si no cuentas con el Vienapass deberías dejarlas atrás. La Capilla y la Iglesia de los Agustinos es gratuita. Entra y sal rápido y si has de pagar no pierdas tu tiempo. De las dos, es la Iglesia de San Agustín la que cuenta con algo más de valor. En ella se coronaron grandes monarcas del imperio como María Teresa de Austria. ¿La recuerdan? La archienemiga de Federico el Grande. O la madre de María Antonieta.

Interior Iglesia de San Pedro

   Pero si hay algo que dota de sentido a esta altiva y resplandeciente ciudad son sus arterias. Pasear por las calles de Viena es un placer. Sin grandes estridencias, elegante, refinada, cuidada al milímetro... Es fácil sentirse dentro de un parque de atracciones decimonónico. Imagina pasear por calles peatonales repletas de boutiques lujuriosamente engalanadas o comerte una hamburguesa en un BurguerKing en Annagasse en medio de un salón rococó. Quizás prefieras echar un vistazo a la Iglesia barroca de San Pedro y descubrir que hay un concierto de órgano gratuito con el que deleitar tus oídos mientras tu mirada se pierde en los artificios, engaños y fruslerías del desmesurado encaje de yeso y pintura con el que está realizado el interior. Tiendas de antigüedades, galerías de arte y cafeterías históricas que sirven comida a todas horas te dan la bienvenida. O sigue paseando y disfruta de la sorpresa que algún músico callejero con traje arranca con sus dedos a las cuerdas de su violín. Date un capricho y admira los elegantes hoteles de la ciudad y haz una parada en sus ostentosas y bulliciosas cafeterías para reponer fuerzas. 

   - ¡Despierta!¡No es un sueño!¡Así es Viena!

   
Hotel Sacher


RECOMENDACIONES:

- Te dejamos un juego para terminar esta entrada. Dentro de los Apartamentos imperiales de Sissi se encuentra la Colección de Platería de la Corte. Una batería de recursos de cocina, vajillas, candelabros y mantelería que parece no terminar jamás. ¿Sabías qué existe una forma única para presentar las servilletas dentro de la corte imperial austriaca y qué tan sólo hay dos personas que poseen el secreto de su realización?¿Te atreves a desvelarlo? Aquí os dejamos unas fotos del revoltijo de tela para ayudarte. En tu próxima cena con invitados puedes causar sensación. ¡Suerte!






jueves, 31 de marzo de 2016

Viena o El inicio de una bonita historia de amor

   
Viena desde la Catedral de San Esteban

   Viena posee tantas referencias en nuestro imaginario que viajar a la capital austriaca es mas una peregrinación dogmática que una visita de placer. Con tan sólo un pie puesto en Viena, el autobús que nos traslada del avión a la terminal posee un mensaje de voz de bienvenida que termina con una pieza de música clásica. Con media sonrisa nerviosa, ante la envestida de uno de sus tópicos nada mas llegar a la ciudad, nos preguntamos si en la aduana nos esperará alguien vestido de Sissi.

Plaza Schwarzenber

   Nos encontramos ante una ciudad pequeña, impoluta, muy accesible y con un metro tan cómodo, neutro y pulcro que se nos antoja un gigantesco aseo de hotel. Pero de hotel con estrellas, eso sí. Por suerte el exterior rompe con el trazado práctico y algo anodino de su subsuelo. Viena posee un centro perfecto para pasear. Es pequeño y muy llano y posee bastantes tramos peatonales o con restricciones para los vehículos así como un respetadísimo carril bici. El centro de la ciudad es animado y luce esplendoroso. Fachadas inmaculadas, ausencia de obras, establecimientos pomposos, calles comerciales, iglesias, palacios, teatros, museos,... Todo está tan al alcance de tu mano que tenemos que contenernos para no entrar en el primer monumento que encontramos en nuestro camino. Pero tranquilos, tranquilas. Os contendréis. Es el momento de hablar de euros. Viena no es económica. Los monumentos te arañan el bolsillo de lo lindo, y la comida, que no es especialmente sorprendente, termina dejándote pelado. Así que te recomiendo sensatez, elegir bien tus opciones y lanzarte de lleno. Sopesa bien tus días y decide si eres de los que disfruta entrando en todos los museos o te conformas con el top 10 de cada lugar.

Centro Internacional de Viena

   En Viena confluyen muchos estilos; aunque son el barroco y el neoclásico los que se llevan la palma. La ciudad es tremendamente evocadora y en cada esquina esperas la aparición estelar de Romy Schneider. Ringstrasse o Ring es la gran arteria circular que enmarca los principales tesoros vieneses Patrimonio de la Humanidad. El emperador Francisco José mandó destruir las fortificaciones de la ciudad a mediados del siglo XIX para dar paso a un sin fin de edificios públicos de incalculable valor. Más allá de este gran anillo no debes perderte el Museums Quartier, Karplatz y sus alrededores, así como el Schloss Belvedere y el Shloss Schönbrunn, este último algo más alejado. Hacia el norte, pasando el canal del Danubio, te espera el Prater y su noria invencible. Y aún más allá, con el cauce natural del Danubio a nuestras espaldas, se encuentra el moderno Centro Internacional de Viena que alberga una parte de la maquinaria de la Naciones Unidas y la Torre del Danubio.

Interior Ópera de Viena

   La oficina de turismo se encuentra frente al museo Albertina y muy cerca de la Ópera. Ésta debería ser tu primera visita. Tienes varias opciones: Vienepass o Vienacard (ver recomendaciones). Lo mejor de la oficina es que tiene una taquilla específica para los espectáculos y podrás conseguir entradas para la Ópera. En Viena la Ópera es un tesoro nacional y ha de ser compartido con el pueblo, y aunque está envuelta en la opulencia elitista del género, podrás conseguir entradas por 25 o 30 euros, algo impensable en nuestro país. No será el mejor lugar, pero podrás vivir una experiencia inigualable. Te recomiendo las entradas para estar de pie si te sientes lozano.

   Espero que estés preparado y preparada porque Viena es una fruta madura, suculenta y atractiva, que espera tu primer bocado. Continuará...


RECOMENDACIONES:

- ¿Vienapass o Vienacard? El primero te ofrece la posibilidad de entrar a la mayoría de los museos y sin colas. El segundo incluye transporte y descuentos en los museos y monumentos.  Ninguna de las dos tarjetas incluye todo el abanico turístico de la ciudad. Por ejemplo, el Belvedere va por libre. Nuestra recomendación. Si quieres ver mucho Vienapass (4 días 90 euros pax) junto con el bono de transporte (16 euros la semana de lunes a lunes). Si te conformas con una visita exterior de los monumentos y ver alguno puntualmente, Vienacard. Vienapass es un dineral pero suma como mínimo 10 euros por cada entrada. Si entras en diez o más de los principales monumentos ya habrás amortizado su uso.

- La tarjeta de transportes se puede comprar en los cajeros del metro. Sólo tendrás que sellarla una vez. Recuerda que el metro tiene una entrada sin tornos con máquinas para validar tu tique. En cinco días nos encontramos con un revisor. Allá tu.

- Optimiza tu tiempo. Viena es la ciudad de la cultura y casi nunca duerme. Sus museos siguen este dictamen y muchos de ellos permanecen abiertos hasta las 23:00 uno o dos días en semana.

- Si vas en verano ármate de paciencia. En pleno invierno la ciudad era un hervidero de turistas.

- Propinas. En Viena hay que dejar propinas. Cuidado con el datáfono, la primera opción para teclear no es tu pin sino la propina que quieres dejarle al camarero.

- El tranvía número 1 puede ser una bonita manera de acercarse al exuberante Ring.

- El cercanía S7 es la opción más fácil y económica (no llega a cinco euros) para llegar al centro de Viena. Existe un tren más rápido (20 minutos más rápido) pero vale más de el doble que el S7. No merece la pena.




      

martes, 29 de marzo de 2016

Berlín o Lo mejor de cada mesa

Currywurst

   Uno de los grandes atractivos de Berlín es su accesible comida. Por precio y elaboración, son platos abiertos a casi cualquier tipo de paladar. Hasta el más quisquilloso puede encontrar una mesa en la que deleitarse con un buen plato germánico. Ojo. Y no siempre es necesario sentarse. Si deseas comer algo rápido y barato entre museo y museo encontrarás en cada esquina un pequeño establecimiento de "currywurst". El McDonald´germánico sirve salchichas cocidas o asadas embadurnadas en salsa de tomate y curry espolvoreado. Un bocado con un punto justo de picante para entrar en calor. El cariño patrio hacia este plato está tan desarrollado que posee su propio museo muy cerca de Checkpoint Charlie

Black Pudding horneado en RutzBar

   En el otro extremo se encuentran locales a la última, con estrellas y sin ellas, que se adentran en una cocina más innovadora. La cocina de autor alemana, al menos, la que hemos probado, no ha llegado a satisfacer en demasía nuestro paladar. No estamos hablando de aberraciones o crímenes gastronómicos pero sentados a la mesa nos encontramos con platos desdibujados y sabores unidos con calzos. Eso sí, estos lugares te abren la posibilidad de adentrarte en el mundo de los vinos autóctonos. Y no tendrías un viaje completo a Berlín sin degustar alguno de sus Riesling. Vinos de uva blanca criados en las tierras fértiles del Rhin. Tranquilo, tranquila, con el precio de las copas no creo que consigas emborracharte.  Un buen lugar para adentrarte en el mundo de los vinos y la cocina creativa es el restaurante Rutz. Nosotros vivimos la experiencia económica (económica según qué) en su bar de tapas. El restaurante con dos estrellas Michelin no está al alcance de todos.

Goulash y salchichas cocidas

   ¿Lo que realmente nos emocionó? Las experiencias gastronómicas que captaron más nuestra atención fueron las relacionadas con la cocina tradicional alemana. Tenemos dos recomendaciones que no podrás perderte. Por un lado, viajando a la cocina del sur germánico, os aconsejamos una visita al restaurante Augustiner am Gendarmenmarkt. Un lugar tradicional, preparado para el turismo, pero que conserva lo mejor de la cocina bávara, incluidos camareros. Disfruta de unas buenas salchichas cocidas, un sabroso goulash (asado de carne) y un  pretzel recién horneado por un precio justo que no te costará abonar.

Codillo en Zur Letzten Instanz 

   La otra propuesta, y que hemos dejado para el final, es una visita al restaurante  Zur Letzten Instanz. Desde 1621 esta cocina lleva alimentando a los berlineses con el mejor codillo de la ciudad. Napoleón, Angela Merkel o Beethoven se han sentado en estas sillas. El lugar es muy acogedor, con elementos folclóricos que no chirrían y un trato bastante aceptable para el carácter alemán. Seguramente compartirás mesa. Algo bastante frecuente en estos lugares tan codiciados y que te permitirá completar la experiencia culinaria brindando con desconocidos mediante un educado: prost (salud). No olvides pedir postre.

Interior del Restaurante Zur Letzten Instanz

   


   

domingo, 27 de marzo de 2016

Berlín o Tiempo de ocio



   Cualquier viaje es grato. Hacer la maleta ya es un regalo. Nosotros somos concienzudos en nuestras salidas y nos gusta ceñirnos a un guión. Cuando a la suerte de viajar le sumas la suerte de tener tiempo de sobra para disfrutar de un lugar la ecuación es perfecta. En Berlín fuimos afortunados y contamos con el tiempo necesario para salirnos del guión y disfrutar de un mosaico de experiencias "made in" Berlín apasionantes. He aquí nuestros pequeños y grandes descubrimientos. Os mostramos el Berlín más pausado.


   Cerca de Gerdanmenmarkt viajarás a los fascinantes años veinte en el Quartier. Este centro comercial, formado por tres superficies que se unen a través de un pasaje subterráneo, es una estupenda parada para tomar un bocado gourmet y ver unas estupendas tiendas de ropa y arte que no están al alcance de todos.  En el quartier 206 te sentirás como una estrella de Hollywood bajando la escalera de caracol y dejándote envolver por las elegantes formas del art decó. Comer junto a la torre de coches aplastados de John Chamberlain en el quartier 205 es, sin lugar a dudas, una estupenda opción para descansar los pies. Para tomar café, nada mejor que las mesas alojadas junto al gigantesco embudo de cristal de Jean Nouvel en las Galerías Lafayette




   Si la climatología no te lo impide sal del centro de la ciudad para disfrutar como un berlinés más del gusto por los mercadillos dominicales. Te zambullirás en el gentío que colapsaba el Flohmarkt am Mauerpark. Saldrás del corsé turístico de la ciudad y te adentrarás en este espectáculo cotidiano del regateo y la ganga donde las formas no están demasiado delimitadas. Aquí respiramos otro Berlín. Más dicharachero y cercano, sucio y revuelto. Músicos junto al parque, cervecerías al aire libre, ropa de segunda mano, muebles vintage arremolinados por el suelo y la posibilidad de encontrar un regalo peculiar para el recuerdo (por ejemplo una máscara de gas).

Flohmarkt am Mauerpark

Flohmarkt am Mauerpark

   
Flohmarkt am Mauerpark

   Si aún te quedan ganas de coquetas boutiques o espacios de teatro te proponemos otra escapada del centro. Pasando el río Spree disfrutarás del entramado de patios Hackesche Höfe. Con un desigual estilo modernista estos ocho patios son un estupendo pasatiempo para buscar un capricho. Los mejores son el patio I y el patio VII.

Patio I en Hackesche Höfe
   
Patio VII en Hackesche Höfe
   
   La vida cultural berlinesa te espera con los brazos abiertos al caer la tarde. El cabaret es el espectáculo por excelencia de la ciudad. Hay muchas opciones. Nosotros pudimos disfrutar de The Wyld en el Friedrichspalast. Un espectáculo de principio a fin. Desde el edificio art decó hasta el pomposo espectáculo al más puro estilo Las Vegas.

   Interior del Friedrichspalast


   Esto no es tan original pero resulta casi un pecado no subir a la Torre de Televisión de Berlín o Fernsehturm para terminar el día. Su presencia ha sido constante durante casi todo nuestro viaje a Berlín. La obra más representativa de la República Democrática Alemana en Alexanderplatz se eleva 204 metros sobre el suelo. Parece adecuado terminar nuestra visita a Berlín desde esta atalaya, aunque la política de iluminación de los edificios en Berlín no sea la más adecuada, aunque cueste un dineral entrar,... 

Fernsehturm

   - ¿Saben lo que les digo? No suban. Berlín está al alcance de cualquiera. No hace falta estar por encima de la ciudad. Es inmensamente más reconfortante fluir por ella en bici o caminando. Disfrute de cada contradicción. Y déjese llevar. Y disfrute de cada momento. Porque el Berlín de hoy ya ha cambiado.


Berlín o Espacios para la resurrección

   
Estatua de Goethe en Tiergarten

   Si pasea por Berlín con serenidad, con el ojo avispado, urdiendo con tesón las diferentes pinceladas que muestra la ciudad sobre su guerra particular, descubrirá atónito la fortaleza de espíritu de los alemanes. Sus calles, plazas, parques y edificios son un canto a la vida. Una mirada hacia el futuro que soporta incansable el lastre del horror. La portentosa habilidad para acompañar la vida con la muerte sin que esta última trabe  el futuro. Así es el Berlín de posguerra. 

Scholls Bellevue

   El corazón verde de la ciudad se llama Tiergarten. Su cara invernal languidece entre sus ramas peladas y los pocos corredores que se animan a salir por sus avenidas. Aunque el parque ha estado unido a la ciudad desde hace siglos; primero como coto de caza para la monarquía y luego como parque público adecentado durante el siglo XVIII, tenemos que esperar hasta los últimos siglos para dotar de auténtico significado a este espacio. De este a oeste Tiergarten se divide por la avenida del 17 de junio recordando el alzamiento de Alemania oriental en 1957, que fue brutalmente sofocado por los tanques soviéticos. Pero el parque recuerda más heridas. Sirvió de abastecimiento para los berlineses durante la guerra. Sus árboles fueron talados para calentar los hogares de la ciudad. Será por esta razón por la que caminando por sus senderos la vegetación se nos muestra abierta y ligera. El parque también ha sido y es encuentro fortuito entre la comunidad gay y por ello se erige aquí un monumento a las víctimas homosexuales que fueron asesinadas por las doctrinas hitlerianas. Las grandes avenidas del parque confluyen en la Columna de la Victoria, erigida para recordar la faraónica labor de Otto von Bismarck. Un poco más al norte de esta glorieta encontramos la residencia del presidente de Alemania, Scholls Bellevue.  En su extremo más occidental se ubica el Zoo de Berlín. El zoo con más especies animales del mundo.

Columna de la Victoria

   Sin salir del distrito de Tiergarten, caminando hacia el sur, llegamos hasta Potsdamer Platz. La zona de tierra baldía que quedó entre la Alemania occidental y la oriental es hoy una sucesión de edificios de hormigón y cristal que luchan entre sí por captar la atención de los visitantes. Museos, comercios y oficinas caminan de la mano para mostrar al mundo una nueva Berlín, vibrante y apasionada, repleta de esperanzas. Tan sólo parte de la fachada del hotel Esplanade, del  Kaisersaal y alguna sección del muro nos recuerdan los hitos vividos por la plaza en otras épocas. 

Sony Center, Torre Deutsche Bahn, Torre Kollhof (de izquierda a derecha)

Sony Center y Museo del cine y la televisión

Kaisersaal Berlin con parte del lienzo del antiguo Hotel Esplanade

Torre Deutsche Bahn y Cúpula de cristal en forma de tienda de campaña

   La división de Berlín dejó huérfanos de museos a los habitantes de occidente. Para mitigar la pérdida se diseñó todo un complejo cultural integrado por varios museos junto a Potsdamer Platz. Bajo el nombre de Kulturforum descubrimos uno de los emblemas de Berlín, el edificio de la Filarmónica. Su exterior, sin duda, es diferente. Tanto que aún no se si nos gustó. Desgraciadamente no pudimos descubrir su interior que nos consta ha de ser espectacular. Un poco más adelante encontrará la Gemäldegalerie que está repleta de obras pictóricas de calado desigual y pocos nombres propios universales. Junto a este museo se encuentra el Kunstgewerbemuseum. Un edificio tan feo como su vecina Gemäldegalerie y tan aburrido como su nombre. Aquí pasearás por las artes decorativas y el diseño europeo desde la Edad Media hasta nuestra era. Un inabarcable edificio repleto de muebles y objetos de decoración capaz de arruinar la mañana a cualquier turista profano en la materia.

Filarmónica

Gemäldegalerie

Kunstgewerbemuseum

   Pero no siempre la ciudad ha zurcido sus heridas de la misma forma. Si hasta ahora, al menos en lo visto en esta entrada, Berlín buscaba levantar de la nada una nueva y original forma de vivir su presente, otras veces, la opción es mantener viva la herida del pasado. La iglesia neorrománica del Kaiser Guillermo de 1895 es el mejor ejemplo de esto último. Los terribles destrozos que sufrió el templo se han mantenido hasta hoy como monumento a la devastación. Hoy es uno de los lugares más fotografiados. Un pequeño museo recuerda los avatares de la guerra y la posguerra con la iglesia como nexo común. Impacta el diminuto interior que queda en pie. Los delicados mosaicos que han sobrevivido a los bombardeos son un minúsculo recuerdo de la belleza que tuvo que albergar en su interior. Junto a la ruina se han levantado un campanario y una iglesia octogonal que es un auténtico esperpento. Pero Berlín nos ha acostumbrado a las sorpresas, así que decidimos entrar. El interior es un enjambre de cristales azules entre los que fluye la imagen de un Jesús crucificado que parece volar a pesar de sus 300 kg.

Ruinas de la Iglesia del Kaiser Guillermo

Mosaicos en el interior de la Iglesia del Kaiser Guillermo

Interior iglesia modernista junto a la Iglesia del Kaise Guillermo


RECOMENDACIONES:

- Visita el Sony Center por la noche, la cúpula iluminada es realmente fascinante.
- Junto a la Iglesia del Kaiser Guillermo hay un singular centro comercial de ropa y objetos de diseño muy prometedores; el Bikini Center

Interior Bikini Center