domingo, 10 de abril de 2016

Viena o Más allá del Ring

Jardines de Schloss Schönbrunn

   En Viena da pereza coger un metro o un tranvía. Todo está tan cerca. Posee tantos rincones acogedores que la idea de sumergirse en el subsuelo frío, gris y monótono de su red de metro se vuelve una aventura algo tediosa. Pero tenemos que optimizar nuestra visita y, hoy, hacemos un tour cargado de contrastes de norte a sur de la ciudad. Primera parada; Karlsplatz.

Iglesia de San Carlos Borromeo

Interior de Iglesia de San Carlos Borromeo

   La Iglesia de San Carlos Borromeo se encuentra al sur de la plaza del mismo nombre y que abre las puertas a uno de los principales barrios de la ciudad fuera del Ring. Es una iglesia barroca construida bajo el mandato de Carlos VI y como respuesta al final de la peste que asoló la ciudad a principios del siglo XVIII. Es una iglesia cargada de simbolismos en donde destacan las dos columnas inspiradas en la de Trajano y la gran cúpula ascendente decorada por Johann Michael Rottamayr. La iglesia, en proceso de restauración desde 2002, aporta un aliciente. Han dotado de ascensor al andamio que utilizan los restauradores del templo y los turistas podemos subir a lo más alto de la cúpula y descubrir en el vertiginoso ascenso el delicado trazo de la pintura al fresco y los numerosos trampantojos de los que se sirve el barroco para ennoblecer sus obras. Una emocionante clase de pintura en directo no apta para personas con vértigo.

Schloss Schönbrunn

   La línea 4 del metro nos deja a las puertas de gran palacio de verano de los Habsburgo, Schloss Schönbrunn. Antes del actual recinto clasicista fue un palacio de caza que pasó sin pena ni gloria hasta la llegada al trono de María Teresa (1717-1780). La única mujer que gobernó el impero de los Habsburgo, bajo su despotismo ilustrado, inculcó grandes reformas a nivel financiero y educativo que hicieron del centro de Europa un modelo a seguir. Lástima que sus ideas progresistas no se trasladasen a la tolerancia religiosa, pues se mantuvo beligerante ante toda religión que no fuese la católica y ganó el dudoso honor de ser el monarca más antisemita de la época. La mujer centró su atención en este lugar apodado el Versalles de Viena para que sus dieciséis hijos pudiesen "cafrear" a gusto entre fuentes, árboles y animales. Construyó el primer zoo del mundo en 1752 que aún hoy funciona como tal, el Tiergarten.

Palmenhaus

   El interior del palacio, de estilo barroco, contiene más de 1400 estancias de las que podrás visitar una veintena de ellas primorosamente decoradas. Disfruta de la grandeza imperial de María Teresa en un marco inigualable a rebosar de turistas y excursiones de institutos. Ya en el exterior, déjate llevar por los exuberantes jardines del palacio que en primavera y verano han de ser un deleite para los sentidos. Como nosotros hemos visitado Viena en invierno y no queremos quedarnos con las ganas de ver el potencial floral de esta ciudad nos adentramos en el Palmenhaus, un espectacular invernadero de 1880 de hierro y cristal. Toda una sorpresa por fuera y por dentro. Una parada extravagante y rompedora ante el gris y marrón propios del invierno. El complejo palaciego cuenta con otros tres más pero este es, sin lugar a dudas, en lo que no debes perderte.

Pabellón del Kaiser en Tiergarten

   Un poco más adentrado en el parque se encuentra el Zoo Tiergarten. Un viaje al ocio del pasado con una instalaciones imperiales tan refinadas, limpias, ordenadas y accesibles que cuesta creer el uso real de la infraestructura. Lo más destacado es la glorieta central del zoo con el Pabellón del Kaiser en el centro. Hoy es un restaurante. Si viajas con niños este será el lugar que recordarán de su estancia en Viena.

 Torre del Danubio

   Volvemos a sacar el tique del metro para trasladarnos a la zona noreste de la ciudad. Damos un gran paso en el tiempo para visitar la Torre del Danubio de 1960. Todo un fiasco al más puro estilo Torre de la Televisión de Berlín que ofrece unas vistas lejanas y brumosas de la ciudad. Además de estar lejos y no contar con un transporte cercano, hay que andar un buen trecho desde la parada del metro, el lugar es algo inhóspito y carente de personalidad. Por otro lado, si tienes el curioso anhelo de saltar haciendo "bungee jumping" este es el sitio idóneo. Te esperan 252 metros de caída libre.

Hundertwasserhaus
   
   Más acertada es la visita a los coloristas, locos y ecológicos apartamentos de Hundertwasser. Este arquitecto ha dejado su impronta en la ciudad a través de su desenfadada forma de ver la realidad. Una alocada arquitectura que recuerda a los tableros de juego o piezas imantadas, con una plasticidad desbordante en donde la pintura y la escultura juegan entre sí para crear perfiles divertidos y en donde la presencia de la naturaleza y sus imprevisibles formas se convierten en santo y sella. No debes perderte tres lugares para conocer la obra de Hundertwasser: la KunstHausWien, el exterior de los apartamentos Hundertwasserhaus y la galería comercial Kalke Village.

Riesenrad en el Prater

   Finalizamos nuestro viaje por Viena en uno de los símbolos de la ciudad. Entramos en el parque de atracciones decimonónico del Prater. Numerosas atracciones se conservan de su inauguración allá por 1895. De todas ellas, la más insigne es la noria o Riesenrad. Tarda 20 minutos en dar una vuelta completa y mientras esto ocurre puedes disfrutar de unas bonitas vistas de la ciudad y hacer algunas fotos. La noria sobrevivió a los bombardeos de 1945 y ha sido escenario de algunas películas como El tercer hombre o 007: Alta tensión y Antes de amanecer.

   Viena es una de esas ciudades que echas de menos pasado un tiempo. Es un lugar del que encariñarse. Pero su grandeza no está en sus grandes monumentos. Es una ciudad de pequeños pasos. De sorbos entrecortados en viejas cafeterías. De miradas agazapadas tras un paraguas. Una ciudad vestida de domingo lustrosa y ruborizada de su propia belleza. 


 

martes, 5 de abril de 2016

Viena o La ruptura del cliché

   
Casa de la Mayólica de Otto Wagner

   Si nos quedamos con lo visto hasta ahora, en las anteriores entradas, nos encontraríamos con una ciudad hecha a nuestras expectativas. Fastuosa y remilgada. Clásica y romántica Bonita pero previsible. Es cierto que Viena no puede escapar de Viena. Mozart, Sissi, Francisco José, música clásica... La ciudad está cincelada con estas referencias y el turista ha pagado su "entrada" para que le satisfagan con lo prometido. Y es lo que vas a encontrar. Gran parte de la ciudad está clonada en pos de Mozart, la música clásica y Sissi. En las plazas más turísticas hay vendedores de entradas para conciertos, los restaurantes venden cenas románticas en compañía de violines bajo la luz de las velas y en los escaparates se agolpan las imágenes de Mozart y sus bombones o Mozartkugeln (bola de Mozart). Las artes escénicas y los teatros no consiguen zafarse con facilidad del peso que la ópera ejerce de manera transversal sobre toda la ciudad. Pero Viena tiene una fuga en su coraza decimonónica que le otorga el revulsivo necesario para quitarse el miriñaque  y destensar su corsé. El aire fresco de la urbe austriaca llega principalmente a través de la pintura. Te invito a descubrir los museos más "in" de Viena.

La Albertina

   En el lado sur del Palacio Real o Hofburg se ubica la galería de arte Albertina instalada en los aposentos privados del palacio para sus invitados y subrayada por el contemporáneo voladizo metálico de Hans Hollein. Hoy en día aún quedan salas que nos recuerdan el pasado imperial y lujoso de este edificio en contraste con las diáfanas salas que alberga la valiosa colección pictórica que emprendió Alberto de Sachsen-Teschen, hijo político de María Teresa. Lo más representativo y conmovedor de esta galería es la espectacular colección permanente que recoge los 130 años de pintura que van desde el impresionismo francés a nuestros días. Las firmas de Monet, Degas,  Renoir, Chagall, Picasso o Malewitsch inundarán tus retinas de emociones tan palpitantes que pronto cambiará tu percepción de la realidad. Rechaza el ostracismo que nos impone la realidad y busca en el interior de estos lienzos otra forma de excitar tu epidermis.


Escalera principal del Palacio de Invierno bajo las luces del artista Olafur Eliasson

   Una propuesta más rompedora, en pleno centro de Viena, la encontramos en el Palacio de Invierno del príncipe Eugenio de Saboya. Un palacio barroco al servicio del arte de nuestros días que se pliega a las exigencias de nuevos guiones. Durante nuestra visita las estancias palaciegas estaban sumidas bajo el influjo de las luces, espejos y gigantes caleidoscopios del artista danés Olafur Eliasson. Algo impensable en otras atrincheradas culturas que segregan su arte bajo un patético formalismo paternal. - ¡Qué a gusto me he quedado!


Museums Quartier, Mumok

   Dejando las hordas de turistas del centro de la ciudad, cruzando el Ring por el Parque de María Teresa, llegamos hasta el Mueums Quartier. Un entramado de museos dentro de los edificios que pertenecían a los establos imperiales en donde se han levantado a su vez nuevas estructuras modernas. Por algo es el octavo complejo cultural más grande del mundo. De todos los museos que concentra la superficie destacamos el MUMOK (Museo de Arte Moderno), envuelto en su cáscara de lava basáltica y el Leopold Museum. El primero ofrece una visión del arte moderno que pasa por el Pop Art, Fluxus o el Neorrealismo. El segundo es un maravilloso encuentro con el expresionismo austriaco con la mayor colección del mundo de Egon Schielle y algunas obras de Klimt.

La Secession

   Junto a la Academia de Bellas Artes, envuelta del ambiente universitario que se respira en esta zona de la ciudad, encontramos La Secession de Viena. El edificio es testigo del modernismo de principios del siglo XX, y aunque algo ajado, su Art Nouveau sigue encandilando a los que lo visitan. Centro revolucionario de la vida artística de 1900 constituye el principal eslabón, y no tan conocido para los turistas, que nos une a la figura de Klimt. Un grupo de artistas, cansados de la interpretación del arte que la Asociación de Artistas Austriacos venía ejercitando, decide desligarse para conformar una nueva corriente de trabajo empeñada en buscar un nuevo lenguaje alejado de los dictámenes industriales de la época. Arquitectos, pintores, escultores... Hasta 19 miembros conformaron este grupo segregado que escandalizó y encandiló por igual y del que Gustav Klimt fue el primer presidente. La Secession, realizada por J. M. Olbrich en 1897, se convertía en el edificio que albergaría las exposiciones correspondinetes a los nuevos dictámenes de esta nueva ola artística inscrita en el modernismo. Los elementos de la naturaleza que la decoran, aunque breves, constituyen un refinado ejercicio de síntesis de este estilo. La cúpula de hojas doradas que corona el edificio, los místicos búhos de los costados y el sencillo labrado de árboles de la fachada principal es un juego de reinterpretación decorativa tan delicado que resulta fascinante. Antes de entrar podemos leer: " A cada época su arte, al arte su libertad". Una de la exposiciones más famosas que tuvieron lugar en el edificio fue la dedicada en 1902 a Ludwing von Beethoven. De aquel hito se conserva el Friso de Klimt que escenifica la IX sinfonía de Beetthoven interpretada por Wagner. Considerado como uno de los emblemas del Art Nouveau vienés el Friso monumental reinterpreta la música a través de una serie de ninfas, genios y humanos en busca de la felicidad. Actualmente, la Secession continua con su labor rompedora acogiendo exposiciones de arte moderno de gustos muy particulares.


Estación de metro de Karlsplatz y kioskos de Otto Wagner

   Otro arquitecto ligado a la corriente modernista de La Secession fue Otto Wagner. Su figura es muy respetada en la ciudad y podéis ver algunas muestras de sus obras arquitectónicas en Karlsplatz o junto al Naschmarkt (el mercado más grande de Viena). En sus fachadas podrás disfrutar de una radiografía del simbolismo que bullía bajo los dictámenes de este grupo de artistas.

Oberes Belvedere

Sala Carlone, Oberes Belvedere

   Pero si hay un lugar que cualquier amante del arte no puede perderse es Schloss Belvedere. El complejo barroco del siglo XVIII está conformado por dos palacios que pertenecieron al príncipe Eugenio de Saboya. El primero fue el Unteres Belvedere y hoy es un palacio más en el que deleitarse con las formas de vida de la época. Endiosado por sus victorias militares Eugenio construyó un segundo palacio, el Oberes Belvedere, que es el edificio más vistoso del recinto y en el que se guarda una fascinante colección artística que parte de la Edad Media hasta las corrientes del siglo XX. Aquí encontrarás la colección más extensa de Klimt, principal atractivo expositivo del museo. Tan sólo dos salas guardan con rigor las características del palacio: la sala Carlone y la sala de Mármol, el resto ha desaparecido. Merece la pena disfrutar del paseo entre sus fuentes, las vistas de Viena desde el Oberes Belvedere son impresionantes. Deambular por sus galerías, audioguía en mano, es un ejercicio de sometimiento ante la belleza disoluta de la multitud de obras que guardan sus muros. Una variedad tan apabullante en donde no es difícil encontrar algo que te seduzca.

Estudio de trabajo de Gustav Klimt

 
RECOMENDACIONES:

- Salir del camino trillado te va a costar más dinero. El Palacio de Invierno, el Belvedere y la Secession no entran dentro de las ventajas y descuentos de las tarjetas turísticas de la ciudad. Tendrás que decidir por qué quieres apostar. Si eres un amante de Klimt no podrás perderte ni el Belvedere ni la Secession. Si has de elegir entre los dos, el Belvedere te ofrecerá mayor entretenimiento. La Secession quiere hacer el agosto gracias al Friso de Klimt. Es muy bello, pero es lo único de interés que contiene ya que lo mejor del edificio se encuentra en el exterior.

- Nosotros descubrimos el trabajo de Egon Schiele y caímos fascinados ante su obra. Os deseamos un feliz encuentro entre los muchos artistas que guardan los museos vieneses.

- Para conocer los entresijos que se esconde tras una de las obras más conocidas de Klimt (Retrato de  Adele Bloch-Bauer I) te recomiendo la película La dama de oro de Simon Curtis.

   

domingo, 3 de abril de 2016

Viena o La gran apuesta de Francisco José

   
Ópera Estatal de Viena

   El Ring es una animada avenida circular que remarca el centro de Viena. Pasea junto al canal del Danubio, gira a la derecha para acompañar la belleza inglesa del Stadpark y vuelve a girar para encarar el tramo más espectacular de su recorrido, que comienza en la Ópera y termina en la Universidad. Una buena opción para disfrutar de esta avenida es subir al tranvía número 1 que recorre gran parte del Ring más esplendoroso. Aunque te animo a pasear por la avenida y dejarte seducir por los edificios historicistas que se alzaron entre los años 1860 y 1900 durante la regencia de Francisco José I. La avenida del Ring cambió la fisonomía medieval de la ciudad al destruir sus murallas y levantar un ostentoso bulevar ajardinado, cultural y político-administrativo acorde a la grandeza del Imperio.

Un refrigerio durante el descanso. Ópera de Viena

   Nuestro recorrido comienza en el edificio de la Ópera. El centro neurálgico de la vida musical de Viena. Un coloso de estilo neorrenacentista que fue inaugurado en 1869 con la ópera de Mozart Don Giovanni. Hay visitas guiadas pero nuestro consejo es que te hagas con unas entradas en la oficina de turismo, te enfundes tus mejores galas y disfrutes con regocijo del espectáculo que ofrece la Ópera Estatal de Viena. Desde tu entrada al primoroso hall, abarrotado de vieneses de bien y turistas desquiciados por hacerse una foto en la escalinata imperial con sus vestidos chic arrugados de estar en la maleta, hasta el regocijo de disfrutar del vibrante palpitar del espectáculo operístico que escojas, nosotros lo hicimos con El barbero de Sevilla, sentirás en todo momento que formas parte de la historia de la ciudad.

Academia de Bellas Artes

   Continuando con nuestro recorrido, frente al parque Burggarten, se alza la Academia de Bellas Artes que cuenta con una pinacoteca modesta en la que brillan tres o cuatro joyas que quizás no quieras perderte: El juicio final de El Bosco, un cautivador Murillo de niños jugando y alguna obra de Tiziano, Rembrant y Rubens. El edificio está algo descuidado por el trasiego de estudiantes que impregnan sus paredes de panfletos pero es innegable la belleza de alguno de sus rincones como el fresco del salón central (ver recomendaciones).

Museo de Historia Natural y Museo de Historia del Arte

Escalera principal Museo de Historia del Arte

   Algo más arriba, en la zona más verde del Ring se abren las plazas de Helden y María Teresa a uno y otro lado de la avenida.  En la Plaza de María Teresa se alzan dos de los edificios más visitados de la ciudad. A uno y otro lado de la estatua de la emperatriz que da nombre a la plaza se erigen el Museo de Historia Natural, que hará las delicias de los más pequeños, y el Museo de Historia del Arte, el museo más grande de Viena con obras de arte que van desde el antiguo Egipto a las pintura italiana, francesa y española del siglo XVII. Ambos edificios poseen fachadas y estructuras idénticas con suntuosos interiores de mármol, estuco y pan de oro en rivalidad constante con las obras que atesoran.

Volkstheater

   Fascinados y colapsados por igual ante la multitud de pinturas, figuras de marfil, monedas, estatuas, huesos de dinosaurios y minerales salimos de nuevo a la avenida para continuar disfrutando del esplendor urbanístico del Ring. Muy cerca se encuentra el Volkstheater. Como la Ópera Estatal pero en pequeño. Su versión low cost te permite disfrutar de obras de menor formato por precios más asequibles. Frente al Teatro Popular (podría ser la traducción del Volkstheater) disfrutarás de una zona ajardinada, mimada al extremo, repleta de parterres cargados de rosales que giran entorno a la réplica del Templo de Teseo de Atenas. El edificio fue creado a principios del siglo XIX para albergar la estatua de Teseo de Antonio Canova, hoy en el Museo de Historia del Arte.

Parlamento

   El deslumbrante Parlamento se levantó frente a los jardines del Volksgarten a finales del siglo XIX dentro de la magna obra del Ring. El edificio, interpretado bajo los cánones establecidos por la antigua Grecia, es un inmenso templo de blancura resplandeciente presidido por la estatua de Atenea como símbolo de justicia. Hay visitas guiadas por la mañana. Lamentablemente no tuvimos tiempo de disfrutar del interior.

Ayuntamiento

   Al caer la noche nuestro paseo por el Ring llega a su fin en el Rathauspark. Esta zona verde de la ciudad se rodea por el Parlamento, el Ayuntamiento, la sede de la Universidad y el Burgtheater. Uno de los lugares más asombrosos de Viena por el eclecticismo de estilos arquitectónicos que lo sustenta. Aunque todos los edificios se construyeron en el mismo periodo y bajo la vertiente historicista, aquí, se da una mayor variedad de estilos. Clasicismo, gótico, renacimiento y barroco confluyen en este lugar bajo la atenta mirada de los turistas. El parque en invierno se convierte en una inmensa pista de hielo y el ocio que ofrecen los bares y kioskos de artesanía favorecen el paseo. 

   Los estudiantes salen de la facultad anhelantes de un poco de diversión mientras el Ayuntamiento, cerrado a cal y canto, despunta en filigranas puntiagudas hacia la noche. Niños y adultos patinan serpenteando los recorridos artificiales de la pista de hielo. El tranvía número 1 para frente al Burgtheater (Teatro Imperial de la corte). Una pareja con largos y elegantes abrigos se apea de él. Con paso animado se acercan a la entrada principal del teatro, pero antes, dejan pasar a dos ciclistas que devuelven el gesto con un leve movimiento afirmativo de cabeza. No reparan en la ostentosas formas neobarrocas del edificio. Seguramente, no será la primera vez que van a este teatro. Se abre la puerta...Y continua el espectáculo.

Interior Burgtheater


RECOMENDACIONES:

- No olvides mirar los horarios de los museos. Recuerda que puedes alargar tus visitas en horario nocturno.  El Museo de Historia Natural y Museo de Historia del Arte son algunos de ellos.

- La Academia de Bellas Artes no entra dentro de as tarjetas turísticas Vienapass o Vienacard. Si estás muy interesado o interesada tendrás que abonar los 8 euros de entrada. Sin coste alguno puedes disfrutar de espectacular fresco del salón central que se encuentra en la primera planta del edificio.

Artesonado y murales del Salón central. Academia de Bellas Artes




   





viernes, 1 de abril de 2016

Viena o En cuerpo y alma

   
Calle peatonal Graben

   Viena es tan bonita y perfecta que puede abrumar. Ese tipo de belleza algo frívola que despierta envidias y prejuicios. Una visita a la ciudad de un par de días te dejará mal sabor de boca. Te parecerá poca cosa. Pero a nosotros no nos engaña la pose con la que nos recibe. Queremos saber más. De acuerdo. Mozart pasó una temporada aquí. Cierto. Es el escenario en el que tiene lugar la romántica y aliñada historia de amor entre Francisco José y Sissi. Tomamos nota. Si te gusta la obra de Gustav Klimt no hay otro lugar igual como Viena. ¿Y qué más? ¿Qué guarda la elegante dama del Danubio?

Catedral de San Esteban

   El corazón de Viena está marcado por el cristianismo. Posicionada en el centro de la ciudad se haya la venerada Catedral de San Esteban. El templo gótico (siglo XIV) mantiene un fluir cadencioso y constante de visitantes autóctonos que pernoctan con rectitud ante sus altares. En el exterior, la Torre sur parece absorber la energía de las naves en su afán por seguir alzándose hacia el cielo. Tan sólo el vertiginoso tejado a dos aguas con tejas coloristas en zigzag y el escudo de la ciudad consigue robarle el protagonismo. En el interior, la catedral se nos antoja oscura y misteriosa. Presume por tener espectaculares órganos distribuidos por su planta, unas lúgubres catacumbas que se adentran bajo el subsuelo de la plaza y un púlpito de piedra minuciosamente labrado que te dejará atónito. Puedes prescindir del museo catedralicio pero no de los 343 escalones que te llevan a lo más alto de la torre. Disfruta de las vistas.

Hofburg (Neue Burg)

   El cerebro testimonial de la ciudad es el Palacio Imperial o Hofburg. Decimos testimonial ya que Austria dejó de pertenecer a los Habsburgo con la abdicación de Carlos I en 1918. No obstante, la ciudad se vanagloria de sus reyes y las calles y edificios están marcados con sus nombres. El palacio es una interminable sucesión de edificios adosados que se distribuyen por gran parte del centro de la ciudad. Es difícil imaginar una imagen de conjunto entre patios interiores, iglesias, callejones y estructuras superpuestas. Si a ello le sumamos que ha sido fragmentado para acoger museos y dependencias administrativas la tarea se vuelve aún más complicada. Los seis siglos de poder bajo la batuta de los Habsburgo se condensan en estas paredes. Este tiempo da para muchas ampliaciones y reconstrucciones. El Hofburg lo conforman entre otros el Neue Burg ( Museo de Éfeso, Cámara de Caza y Armaduras de la Corte, Colección de Instrumentos Musicales Históricos y el Museo del Papiro), El Ala Leopold, la Cancillería Imperial, los establos, la Capilla del Palacio Imperial, los Apartamentos Imperiales (Colección de Platería y Museo Sisí), la Biblioteca Nacional, el Tesoro Imperial, la Iglesia de los Agustinos, la Casa de las Mariposas, Museo Albertina (Antiguos apartamentos de invitados) y la Escuela Española de Equitación. 

Hofburg (Apartamentos Imperiales, Museo Sissi)

   De todo lo enumerado, nos disgustaría saber que te has privado de disfrutar de las fastuosas dependencias palaciegas de Sisi Emperatriz y del tratamiento mítico que hace Viena de esta figura. No te pierdas los eufemismos y mentirijillas amables que vinculan a su persona. Francisco José, el hombre, era un santo.

Biblioteca Nacional, Prunksaal

Cúpula Prunksaal

   La Biblioteca Nacional de Austria es un tesoro barroco impecable. Preciosa factura la de este inmueble del siglo XVIII que explota gozosa de sí misma en el Prunksaal. Una maravillosa sala de paredes ondulantes dominada por la estatua de Carlos VI y coronada por el portentoso fresco de Daniel Gran.

Museo Albertina (Escalera Apartamentos imperiales para invitados)

   El Albertina (antiguos Apartamentos Imperiales para invitados) es hoy un imprescindible museo que no puedes olvidar en tu visita. Pero preferimos dejarlo para otra entrada. Creemos que merece otros acompañantes para encuadrarlo como merece.

Ungüentario de esmeralda de 2.680 quilates

   Las piezas del Tesoro Imperial son abrumadoras pero si no cuentas con el Vienapass deberías dejarlas atrás. La Capilla y la Iglesia de los Agustinos es gratuita. Entra y sal rápido y si has de pagar no pierdas tu tiempo. De las dos, es la Iglesia de San Agustín la que cuenta con algo más de valor. En ella se coronaron grandes monarcas del imperio como María Teresa de Austria. ¿La recuerdan? La archienemiga de Federico el Grande. O la madre de María Antonieta.

Interior Iglesia de San Pedro

   Pero si hay algo que dota de sentido a esta altiva y resplandeciente ciudad son sus arterias. Pasear por las calles de Viena es un placer. Sin grandes estridencias, elegante, refinada, cuidada al milímetro... Es fácil sentirse dentro de un parque de atracciones decimonónico. Imagina pasear por calles peatonales repletas de boutiques lujuriosamente engalanadas o comerte una hamburguesa en un BurguerKing en Annagasse en medio de un salón rococó. Quizás prefieras echar un vistazo a la Iglesia barroca de San Pedro y descubrir que hay un concierto de órgano gratuito con el que deleitar tus oídos mientras tu mirada se pierde en los artificios, engaños y fruslerías del desmesurado encaje de yeso y pintura con el que está realizado el interior. Tiendas de antigüedades, galerías de arte y cafeterías históricas que sirven comida a todas horas te dan la bienvenida. O sigue paseando y disfruta de la sorpresa que algún músico callejero con traje arranca con sus dedos a las cuerdas de su violín. Date un capricho y admira los elegantes hoteles de la ciudad y haz una parada en sus ostentosas y bulliciosas cafeterías para reponer fuerzas. 

   - ¡Despierta!¡No es un sueño!¡Así es Viena!

   
Hotel Sacher


RECOMENDACIONES:

- Te dejamos un juego para terminar esta entrada. Dentro de los Apartamentos imperiales de Sissi se encuentra la Colección de Platería de la Corte. Una batería de recursos de cocina, vajillas, candelabros y mantelería que parece no terminar jamás. ¿Sabías qué existe una forma única para presentar las servilletas dentro de la corte imperial austriaca y qué tan sólo hay dos personas que poseen el secreto de su realización?¿Te atreves a desvelarlo? Aquí os dejamos unas fotos del revoltijo de tela para ayudarte. En tu próxima cena con invitados puedes causar sensación. ¡Suerte!






jueves, 31 de marzo de 2016

Viena o El inicio de una bonita historia de amor

   
Viena desde la Catedral de San Esteban

   Viena posee tantas referencias en nuestro imaginario que viajar a la capital austriaca es mas una peregrinación dogmática que una visita de placer. Con tan sólo un pie puesto en Viena, el autobús que nos traslada del avión a la terminal posee un mensaje de voz de bienvenida que termina con una pieza de música clásica. Con media sonrisa nerviosa, ante la envestida de uno de sus tópicos nada mas llegar a la ciudad, nos preguntamos si en la aduana nos esperará alguien vestido de Sissi.

Plaza Schwarzenber

   Nos encontramos ante una ciudad pequeña, impoluta, muy accesible y con un metro tan cómodo, neutro y pulcro que se nos antoja un gigantesco aseo de hotel. Pero de hotel con estrellas, eso sí. Por suerte el exterior rompe con el trazado práctico y algo anodino de su subsuelo. Viena posee un centro perfecto para pasear. Es pequeño y muy llano y posee bastantes tramos peatonales o con restricciones para los vehículos así como un respetadísimo carril bici. El centro de la ciudad es animado y luce esplendoroso. Fachadas inmaculadas, ausencia de obras, establecimientos pomposos, calles comerciales, iglesias, palacios, teatros, museos,... Todo está tan al alcance de tu mano que tenemos que contenernos para no entrar en el primer monumento que encontramos en nuestro camino. Pero tranquilos, tranquilas. Os contendréis. Es el momento de hablar de euros. Viena no es económica. Los monumentos te arañan el bolsillo de lo lindo, y la comida, que no es especialmente sorprendente, termina dejándote pelado. Así que te recomiendo sensatez, elegir bien tus opciones y lanzarte de lleno. Sopesa bien tus días y decide si eres de los que disfruta entrando en todos los museos o te conformas con el top 10 de cada lugar.

Centro Internacional de Viena

   En Viena confluyen muchos estilos; aunque son el barroco y el neoclásico los que se llevan la palma. La ciudad es tremendamente evocadora y en cada esquina esperas la aparición estelar de Romy Schneider. Ringstrasse o Ring es la gran arteria circular que enmarca los principales tesoros vieneses Patrimonio de la Humanidad. El emperador Francisco José mandó destruir las fortificaciones de la ciudad a mediados del siglo XIX para dar paso a un sin fin de edificios públicos de incalculable valor. Más allá de este gran anillo no debes perderte el Museums Quartier, Karplatz y sus alrededores, así como el Schloss Belvedere y el Shloss Schönbrunn, este último algo más alejado. Hacia el norte, pasando el canal del Danubio, te espera el Prater y su noria invencible. Y aún más allá, con el cauce natural del Danubio a nuestras espaldas, se encuentra el moderno Centro Internacional de Viena que alberga una parte de la maquinaria de la Naciones Unidas y la Torre del Danubio.

Interior Ópera de Viena

   La oficina de turismo se encuentra frente al museo Albertina y muy cerca de la Ópera. Ésta debería ser tu primera visita. Tienes varias opciones: Vienepass o Vienacard (ver recomendaciones). Lo mejor de la oficina es que tiene una taquilla específica para los espectáculos y podrás conseguir entradas para la Ópera. En Viena la Ópera es un tesoro nacional y ha de ser compartido con el pueblo, y aunque está envuelta en la opulencia elitista del género, podrás conseguir entradas por 25 o 30 euros, algo impensable en nuestro país. No será el mejor lugar, pero podrás vivir una experiencia inigualable. Te recomiendo las entradas para estar de pie si te sientes lozano.

   Espero que estés preparado y preparada porque Viena es una fruta madura, suculenta y atractiva, que espera tu primer bocado. Continuará...


RECOMENDACIONES:

- ¿Vienapass o Vienacard? El primero te ofrece la posibilidad de entrar a la mayoría de los museos y sin colas. El segundo incluye transporte y descuentos en los museos y monumentos.  Ninguna de las dos tarjetas incluye todo el abanico turístico de la ciudad. Por ejemplo, el Belvedere va por libre. Nuestra recomendación. Si quieres ver mucho Vienapass (4 días 90 euros pax) junto con el bono de transporte (16 euros la semana de lunes a lunes). Si te conformas con una visita exterior de los monumentos y ver alguno puntualmente, Vienacard. Vienapass es un dineral pero suma como mínimo 10 euros por cada entrada. Si entras en diez o más de los principales monumentos ya habrás amortizado su uso.

- La tarjeta de transportes se puede comprar en los cajeros del metro. Sólo tendrás que sellarla una vez. Recuerda que el metro tiene una entrada sin tornos con máquinas para validar tu tique. En cinco días nos encontramos con un revisor. Allá tu.

- Optimiza tu tiempo. Viena es la ciudad de la cultura y casi nunca duerme. Sus museos siguen este dictamen y muchos de ellos permanecen abiertos hasta las 23:00 uno o dos días en semana.

- Si vas en verano ármate de paciencia. En pleno invierno la ciudad era un hervidero de turistas.

- Propinas. En Viena hay que dejar propinas. Cuidado con el datáfono, la primera opción para teclear no es tu pin sino la propina que quieres dejarle al camarero.

- El tranvía número 1 puede ser una bonita manera de acercarse al exuberante Ring.

- El cercanía S7 es la opción más fácil y económica (no llega a cinco euros) para llegar al centro de Viena. Existe un tren más rápido (20 minutos más rápido) pero vale más de el doble que el S7. No merece la pena.




      

martes, 29 de marzo de 2016

Berlín o Lo mejor de cada mesa

Currywurst

   Uno de los grandes atractivos de Berlín es su accesible comida. Por precio y elaboración, son platos abiertos a casi cualquier tipo de paladar. Hasta el más quisquilloso puede encontrar una mesa en la que deleitarse con un buen plato germánico. Ojo. Y no siempre es necesario sentarse. Si deseas comer algo rápido y barato entre museo y museo encontrarás en cada esquina un pequeño establecimiento de "currywurst". El McDonald´germánico sirve salchichas cocidas o asadas embadurnadas en salsa de tomate y curry espolvoreado. Un bocado con un punto justo de picante para entrar en calor. El cariño patrio hacia este plato está tan desarrollado que posee su propio museo muy cerca de Checkpoint Charlie

Black Pudding horneado en RutzBar

   En el otro extremo se encuentran locales a la última, con estrellas y sin ellas, que se adentran en una cocina más innovadora. La cocina de autor alemana, al menos, la que hemos probado, no ha llegado a satisfacer en demasía nuestro paladar. No estamos hablando de aberraciones o crímenes gastronómicos pero sentados a la mesa nos encontramos con platos desdibujados y sabores unidos con calzos. Eso sí, estos lugares te abren la posibilidad de adentrarte en el mundo de los vinos autóctonos. Y no tendrías un viaje completo a Berlín sin degustar alguno de sus Riesling. Vinos de uva blanca criados en las tierras fértiles del Rhin. Tranquilo, tranquila, con el precio de las copas no creo que consigas emborracharte.  Un buen lugar para adentrarte en el mundo de los vinos y la cocina creativa es el restaurante Rutz. Nosotros vivimos la experiencia económica (económica según qué) en su bar de tapas. El restaurante con dos estrellas Michelin no está al alcance de todos.

Goulash y salchichas cocidas

   ¿Lo que realmente nos emocionó? Las experiencias gastronómicas que captaron más nuestra atención fueron las relacionadas con la cocina tradicional alemana. Tenemos dos recomendaciones que no podrás perderte. Por un lado, viajando a la cocina del sur germánico, os aconsejamos una visita al restaurante Augustiner am Gendarmenmarkt. Un lugar tradicional, preparado para el turismo, pero que conserva lo mejor de la cocina bávara, incluidos camareros. Disfruta de unas buenas salchichas cocidas, un sabroso goulash (asado de carne) y un  pretzel recién horneado por un precio justo que no te costará abonar.

Codillo en Zur Letzten Instanz 

   La otra propuesta, y que hemos dejado para el final, es una visita al restaurante  Zur Letzten Instanz. Desde 1621 esta cocina lleva alimentando a los berlineses con el mejor codillo de la ciudad. Napoleón, Angela Merkel o Beethoven se han sentado en estas sillas. El lugar es muy acogedor, con elementos folclóricos que no chirrían y un trato bastante aceptable para el carácter alemán. Seguramente compartirás mesa. Algo bastante frecuente en estos lugares tan codiciados y que te permitirá completar la experiencia culinaria brindando con desconocidos mediante un educado: prost (salud). No olvides pedir postre.

Interior del Restaurante Zur Letzten Instanz